Osvaldo Jaldo estaba exultante. Rossana Chahla finalmente había dicho que sí en público y el oficialismo conseguía despejar la principal duda de su armado electoral para el 2027. Un casillero muy codiciado dentro del movimiento se ocupó finalmente y con una dirigente con proyección y buena imagen, de acuerdo con los sondeos de la Casa de Gobierno.
La felicidad del líder del espacio no sólo tiene que ver con el cierre de la estrategia, sino también con pasar a su equipo a una figura que hasta el momento la dirigencia vinculaba con el senador Juan Manzur y el diputado Carlos Cisneros. Ambos mantienen diferencias con el tranqueño.
La historia de la definición tiene un antes, marcado por las tensiones, los reproches, las desconfianzas y las charlas reservadas. Y tiene un después, porque comienza otra etapa en el justicialismo de San Miguel de Tucumán.
El antes
El camino previo al “sí” parece no haber sido fácil para la jefa de la Ciudad. En las imágenes de los eventos de los días anteriores al anuncio, el gesto de la intendenta era notablemente adusto. Contrastaba con la actitud natural de la intendenta, generalmente más expansiva y locuaz.
En los alrededores del Municipio cuentan que ella no estaba convencida de dar el paso y consideran que los argumentos le sobraban. Motivos familiares y el desgaste propio de la exposición y del fuego “amigo” del oficialismo fueron las versiones más mencionadas.
Las desconfianzas reinaron desde el minuto uno de las gestiones que encabezan el gobernador y la intendenta. Eso no se modificó en la antesala del acuerdo.
En la Casa de Gobierno llegaron a interpretar la indefinición como algo más que una duda personal: creían que podía formar parte de un condicionamiento de Manzur o Cisneros y especulaban con que Chahla mantenía algún entendimiento con alguno -o con ambos- para integrar una supuesta posible fórmula que compitiera contra la oficial. No son pocos los que en el Palacio creyeron, incluso, que ella estaba teatralizando una duda para negociar mejores condiciones de convivencia antes de aceptar una postulación.
Del otro lado ocurría prácticamente lo mismo. En la Municipalidad sospechaban que Jaldo jugaba con el ex jefe municipal Germán Alfaro y que impulsarían la postulación de la senadora Beatriz Ávila a la intendencia, reeditando la competencia del 2023.
Hay una diferencia sustancial para el diálogo entre Jaldo y Chahla. Quienes la conocen dicen que la jefa municipal no habla el mismo “idioma” que la política tradicional. Sus tiempos, sus estrategias y sus lecturas no coinciden con las de aquellos que llevan décadas actuando en el escenario comarcano. Los intermediarios, por eso, fueron importantes. Tanto el vicegobernador Miguel Acevedo como el presidente subrogante de la Cámara, Sergio Mansilla, aportaron para limar las distancias.
El clima hostil empezó a cambiar durante la cena de la semana pasada que fue determinante para el pacto. Chahla, Jaldo, Acevedo y Mansilla pusieron sobre la mesa buena parte de aquello que había erosionado la relación.
Se habló mucho de Manzur, de Cisneros, del ministro del Interior, Darío Monteros y de Alfaro. Es decir, de los conflictos y figuras que habían incomodado el vínculo entre la intendenta y el gobernador.
En la conversación, se habría vuelto en varias oportunidades sobre esa sensación que es vox populi en 9 de Julio y Lavalle: que nunca se sintieron suficientemente cuidados ni acompañados por el oficialismo provincial.
La denuncia de la concejal alfarista Ana González sobre el Gabinete municipal fue uno de los puntos de mayor tirantez. Incluso, la jefa citadina habría buscado en sus interlocutores certezas de que no volvería a quedar expuesta a determinadas embestidas. Una garantía imposible de ofrecer, le habrían explicado, porque las denuncias, las operaciones y los conflictos están a la orden del día en el escenario electoral.
Cuentan en los pasillos de la Casa de Gobierno que Jaldo tiene pendiente un café con Alfaro durante la semana que comienza. El tema no es un misterio.
La intendenta se llevó un compromiso que fue ratificado por el primer mandatario públicamente y decodificado al instante por la dirigencia capitalina. Ella contará con el respaldo del armado para defender la intendencia. La cancha se abrirá para todos, acordaron, y las distintas estructuras tendrán que competir.
Si bien no todo está definido y es incipiente, es probable que pueda armar dos o tres acoples, que tendrán que medirse con otras expresiones justicialistas. Uno de los anhelos del Departamento Ejecutivo de San Miguel de Tucumán, dicen en los pasillos del poder, es tener mayor fortaleza en el Concejo Deliberante.
Después
Tras el anuncio, los desafíos son muchos. Para la dirigencia capitalina que desde hace décadas camina los circuitos son claros. Si bien algunos simpatizan más y otros menos con Chahla, hay una idea unánime: tiene que “peronizar” la gestión y la construcción electoral.
“Rossana tiene una mirada no política de la política”, reflexiona un representante de trayectoria. Con distintas palabras, referentes de diferentes espacios advierten que una cosa es gobernar y otra, ganar una elección.
La meta planteada es hacer que el peronismo de la Ciudad sienta que la elección de Chahla también es su elección. En el Ejecutivo enumeran que necesita ahora de dirigentes, territorio y militancia. Pero a la usanza de los “compañeros”. Una parte sustancial de los acoples más importantes está dispuesta a sumarse. Los próximos días se realizará una reunión entre Jaldo, Chahla, las otras máximas figuras del espacio y los líderes capitalinos.
¿El armar con el peronismo implica incluirlos en la gestión? Hay distintas posturas. Muchos miran con cariño algunos puestos en la estructura institucional. Uno de ellos, por ejemplo, es la subsecretaría de Gobierno. El área está vacante desde que se le pidió la renuncia al dirigente Alejandro Sangenis, hombre cercano a Cisneros.
El gobierno sigue siendo un activo clave para el oficialismo municipal. De hecho, decidió anunciar su lanzamiento en una obra. Y no en cualquiera. En la remodelación de un mercado para los vecinos.
¿Por qué hablan de peronizar la gestión y no a la candidata? Porque entienden que ella debe mantener su estilo dado que no puede perder los votos que consiguió más allá del justicialismo. El plus por sobre el resto es que llega a un electorado que trasciende al del PJ, según las mediciones oficiales.
La mirada de los “caciques” es de cautela. Consideran que la elección será difícil por dos motivos: por La Libertad Avanza (LLA) y por Manzur.
Lo primero, porque los libertarios ganaron las últimas elecciones (con la salvedad de que fueron nacionales) en la jurisdicción. Los morados se muestran muy confiados en que desplazarán al gobierno actual y que se quedarán con San Miguel. Tras replantear la postulación de Federico Pelli, tienen otros dos nombres que mantienen bajo llave como alternativas para la Capital.
En relación a Manzur, se debe a que dicen que fue fundamental para que Chahla se impusiera en las urnas. Más allá de sus méritos propios, recuerdan que Manzur y Cisneros apoyaron su campaña de manera muy fuerte, con política y con recursos.
El “sí” inaugura el armado de la Ciudad. Ahora en el Ejecutivo esperan que el chahlismo trabaje para transformar la gestión y la imagen en poder político, sin perder aquello que le permite trascender al PJ. Los justicialistas de la ciudad, en tanto, se alistan para aportar y esperar cómo son tratados.La elección promete definir más que un cargo.